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Citas y reflexiones

Benedicto XVI, audiencia general, 14 de noviembre de 2012:

"En realidad, el hombre separado de Dios se reduce a una sola dimensión, la dimensión horizontal, y precisamente este reduccionismo es una de las causas fundamentales de los totalitarismos que en el siglo pasado han tenido consecuencias trágicas, así como de la crisis de valores que vemos en la realidad actual. Ofuscando la referencia a Dios, se ha oscurecido también el horizonte ético, para dejar espacio al relativismo y a una concepción ambigua de la libertad que en lugar de ser liberadora acaba vinculando al hombre a ídolos. Las tentaciones que Jesús afrontó en el desierto antes de su misión pública representan bien a esos ídolos que seducen al hombre cuando no va más allá de sí mismo. Si Dios pierde la centralidad, el hombre pierde su sitio justo, ya no encuentra su ubicación en la creación, en las relaciones con los demás. No ha conocido ocaso lo que la sabiduría antigua evoca con el mito de Prometeo: el hombre piensa que puede llegar a ser él mismo dios, dueño de la vida y de la muerte."

Vicente Cárcel Ortí, entrevista en Zenit el 21 de enero de 2000:

"Durante muchos años ha pesado como una losa el Régimen que tuvo España hasta 1975, y a muchos católicos les molesta la presencia de los mártires de 1936, que nada tuvieron que ver con todo lo que vino después. También molestan a los «vencidos» en la guerra, y a sus herederos ideológicos, porque los mártires denuncian la persecución religiosa de aquellos años terribles y su tozudez porque se obstinan en no querer reconocer sus responsabilidades históricas de la tragedia de 1936. Precisamente para evitar referencias polémicas al pasado, la Iglesia esperó más de medio siglo de la guerra civil para comenzar las beatificaciones (las primeras se hicieron en 1987) y que España tuviera una democracia consolidada."

Julián Casanova Ruiz, La última batalla de la Guerra Civil(El Cultural, 17 de julio de 2003):

"La renovación historiográfica ha producido el abandono de las ideas que sustentaron el edificio propagandístico de la dictadura de Franco. Ese abandono resulta muy claro entre la mayoría de los profesores de Universidad, historiadores del siglo XX, y de los hispanistas. Pero la versión de los vencedores está muy presente en muchos libros, en medios de comunicación, y sigue grabada en pueblos, iglesias y carreteras de la geografía española. Y las ceremonias de beatificación y canonización de “mártires de la Cruzada” la reafirman. Hay mucha gente que sigue a través de esos libros y medios de comunicación las historias de los vencedores, que es la historia con mayúscula que entró durante tantos años en los textos docentes y libros de historia. Los que no soportan que se saquen otras formas de ver la historia son los que creen que la versión de los vencidos es la predominante. Pero si se examinan los libros que salen, lo mucho que venden y lo mucho que se propagan, se comprobará que las versiones de los vencedores siguen hoy muy presentes (y hay gente que las demanda). Son versiones que no han investigado nada nuevo: adaptan la historiografía franquista (que tuvo su fase “neo” y más profesional con autores como Salas Larrazábal y De la Cierva) y contrarrestan con esos argumentos lo que la mayoría de los historiadores de las Universidades investigamos y escribimos."

Gilbet K. Chesterton, El hombre eterno:

"Cartago cayó porque fue fiel a su propia filosofía y siguió hasta su lógica conclusión su propia visión del universo: Moloc había devorado a sus hijos.

Los dioses se habían levantado de nuevo y los demonios habían sido derrotados después de todo. Pero habían sido derrotados por los vencidos y, casi podríamos decir, por los muertos. No es posible entender el desenlace de Roma, y cómo llegó a alzarse más tarde hasta alcanzar un liderazgo que parecía casi cosa del destino y algo totalmente natural, si no se tienen en cuenta los momentos de agonía y humillación durante los que siguió dando testimonio de una sensatez que es el alma de Europa. Roma volvió a resurgir en medio de un imperio porque ya anteriormente había salido airosa en medio de la ruina y la devastación. Después de aquello, todos los hombres reconocieron en sus corazones que había sido representante de la humanidad, aun después de haber sido rechazada por los hombres. Y en aquel momento se cernió sobre ella la sombra de una luz brillante y hasta ahora invisible, y la carga de unos sucesos que se habían de producir. No nos corresponde conjeturar de qué manera o en qué momento la Misericordia de Dios podría haber salvado el mundo, pero es indudable que la batalla que emprendió el cristianismo habría sido muy diferente si en vez de un Imperio de Roma hubiera tenido delante un Imperio de Cartago. Debemos agradecer a la paciencia de las guerras púnicas que, en épocas posteriores, los dones divinos descendieran al menos sobre una base humana y no inhumana. Europa evolucionó hacia sus propios vicios y su propia impotencia, como veremos más adelante, pero aquello hacia lo que evolucionó no fue peor que aquello de lo que había escapado."

Paul Claudel, poema Aux Martyrs d'Espagne, 10 de mayo de 1937. Versiones francesas incompletas en la Promoción Mártires de España de la École Saint Michel y en un artículo de Ezzedine Sghaïer. Traducción en Hispania Martyr y edición bilíngüe en el libro de Ediciones Encuentro (2009) con traducción, introducción y notas de Tomás Salas:

Inébranlable Espagne, refus et la demi-mesure à jamais inacceptée,

Coup d’épaule contre l’hérétique pas à pas repoussé et refoulé

Exploratrice d’un double firmament, raisonneuse de la prière et de la sonde,

Prophétesse de cette autre terre dans le soleil là-bas et Colonisatrice de l’autre monde,

En cette heure de ton crucifiement, sainte Espagne, en ce Jour, sœur Espagne, qui est ton jour,

Les yeux pleins d’enthousiasme et de larmes, je t ‘envoie Mon admiration et mon amour!

Quand tous les lâches trahissent, mais toi, une fois de Plus, tu n’as pas accepté!

Inquebrantable España, rechazo y medias tintas para siempre rechazadas,

Espaldarazo contra lo herético, rechazado paso a paso y suprimido

Exploradora de un doble firmamento, razonadora de la oración y de la sonda,

Profetissa de esa otra tierra en el sol lejano y Colonizadora del otro mundo,

En esta hora de tu crucifixión, santa España, en este Día, hermana España, que es tu día,

Con los ojos llenos de entusiasmo y de lágrima, te envío ¡Mi admiración y mi amor!

Cuando todos los lapsos traicionan, tú, una vez Más, ¡no has aceptado!

Marcelino Flórez Miguel ("Mártires del siglo XX: el origen de la idea". Página Abierta, nº 187, diciembre de 2007):

"Los obispos interpretaron los asesinatos de clérigos como martirios por la necesidad de justificar ante los católicos del mundo entero la posición tomada por la Iglesia española a favor de los rebeldes franquistas, pero también lo hicieron para contribuir mediante propaganda falsa a mejorar la imagen del bando rebelde entre las democracias europeas".


Francisco, papa (alocución el Viernes Santo 29 de marzo de 2013 en el Vía Crucis en el Coliseo):

"La Cruz de Jesús es la palabra con la que Dios ha respondido al mal del mundo. A veces nos parece que Dios no responde al mal, que permanece en silencio. En realidad Dios ha hablado, ha respondido, y su respuesta es la Cruz de Cristo: una palabra que es amor, misericordia, perdón. Y también juicio: Dios nos juzga amándonos. Recordemos esto: Dios nos juzga amándonos. Si acojo su amor estoy salvado, si lo rechazo me condeno, no por él, sino por mí mismo, porque Dios no condena, Él solo ama y salva.

Queridos hermanos, la palabra de la Cruz es también la respuesta de los cristianos al mal que sigue actuando en nosotros y a nuestro alrededor. Los cristianos deben responder al mal con el bien, tomando sobre sí la Cruz, como Jesús. [...] Continuemos este Via Crucis en la vida de cada día. Caminemos juntos por la vía de la Cruz, caminemos llevando en el corazón esta palabra de amor y de perdón. Caminemos esperando la resurrección de Jesús, que nos ama tanto. Es todo amor." Martu Garrote, secretaria de Políticas Autonómicas de la Agrupación Socialista (PSOE) de Chamartín; comentario a una foto en Facebook, 10 de febrero de 2012:

"Siempre digo que en España quemamos pocas Iglesias y matamos pocos curas, pero en la Catedral de Granada dan fe de lo malos que somos los rojos."

Rafael González García de Vinuesa(dirigente de Juventudes Comunistas de Extremadura, cabecilla del asalto al colegio de los Salesianos de Méridael 17 de octubre de 2012:

"Dónde están los curas que los vamos a quemar."

Juan María Laboa, profesor de Historia de la Iglesia en la Universidad de Comillas (La aventura de la Historia, número 17, marzo 2000, p. 18):

"Los mártires forman parte del paisaje cristiano desde sus inicios. Nuestros altares se levantan sobre sus reliquias. Es verdad que, a menudo, el martirio puede parecer ambiguo por alguna de sus partes. Resulta claro que los mártires mueren por confesar a Cristo o por no renegar de él, pero no siempre nos son tan evidentes las motivaciones de los verdugos. Naturalmente, la glorificación posterior del mártir suscita el rechazo de quienes se sitúan al otro lado de la orilla. En cuanto al caso español, el más cruel de la Historia del cristianismo, a mí me gustaría que se celebrase en España una canonización conjunta de todos cuantos dieron su vida por coherencia con su fe, y que en esa celebración nuestra Iglesia diera solemnemente gracias a Dios por haber sido capaz de ofrecer ese testimonio colectivo y, al mismo tiempo, pidiese perdón de todo corazón por todo cuanto ha hecho mal a lo largo del tiempo y que ha sido causa, también, de que muchos españoles hayan deseado borrarla y aniquilarla literalmente."

Thérèse de LisieuxCarnet Jaune , 16  de julio de 1897:

"Les saints des derniers temps surpasseront autant ceux des premiers que les cèdres surpassent les autres arbres".

Tomás Moro, La agonía de Cristo:

"Aunque Cristo nuestro Salvador nos manda tolerar la muerte, si no puede ser evitada, antes que separarnos de Él por miedo a la muerte (y esto ocurre cuando negamos públicamente nuestra fe), sin embargo, está tan lejos de mandarnos hacer violencia a nuestra naturaleza (como seria el caso si no hubiéramos de temer en absoluto la muerte), que incluso nos deja la libertad de escapar si es posible del suplicio, siempre que esto no repercuta en daño de su causa. "Si os persiguen en una ciudad -dice- , huid a otra" . Esta indulgencia y cauto consejo de prudente maestro fue seguido por los Apóstoles y por casi todos los grandes mártires en los siglos posteriores. Es difícil encontrar uno que no usara este permiso en un momento u otro para salvar la vida y prolongarla, con gran provecho para sí y para otros muchos, hasta que se aproximara el tiempo oportuno según la oculta providencia de Dios. Hay también valerosos campeones que tomaron la iniciativa profesando públicamente su fe cristiana aunque nadie se lo exigiera; e incluso llegaron a exponerse y ofrecerse a morir aunque tampoco nadie les forzara. Así lo quiere Dios que aumenta su gloria, unas veces, ocultando las riquezas de la fe para que quienes traman contra los creyentes piquen el anzuelo; y otras, haciendo ostentación de esos tesoros de tal modo que sus crueles perseguidores se irriten y exasperen al ver sus esperanzas frustradas, y comprueben con rabia que toda su ferocidad es incapaz de superar y vencer a quienes gustosamente avanzan hacia el martirio.

Sin embargo, Dios misericordioso no nos manda trepar a tan empinada y ardua cumbre de la fortaleza; así que nadie debe apresurarse precipitadamente hasta tal punto que no pueda volver sobre sus pasos poco a poco, poniéndose en peligro de estrellarse de cabeza en el abismo si no puede alcanzar la cumbre. Quienes son llamados por Dios para esto, que luchen por conseguir lo que Dios quiere y -reinarán vencedores. - Mantiene ocultos los tiempos y las causas de las cosas, y cuando llega el momento oportuno saca a la luz el arcano tesoro de su sabiduría que penetra todo con fortaleza y dispone todo con suavidad. Por consiguiente, si alguien es llevado hasta aquel punto en que debe tomar una decisión entre sufrir tormento o renegar de Dios, no ha de dudar que está en medio de esa angustia porque Dios lo quiere. Tiene de este modo el motivo más grande para esperar de Dios lo mejor: o bien Dios le librará de este combate, o bien le ayudará en la lucha, y le hará vencer para coronarlo como triunfador. Porque "fiel es Dios que no permitirá seáis tentados sobre vuestras fuerzas, sino que de la misma prueba os hará sacar provecho para que podáis sosteneros".

Si enfrentado en lucha cuerpo a cuerpo con el diablo, príncipe de este mundo, y con sus secuaces, no hay modo posible de escapar sin ofender a Dios, tal hombre -en mi opinión- debe desechar todo miedo; yo le mandaría descansar tranquilo lleno de esperanza y de confianza, "porque disminuirá la fortaleza de quien desconfíe en el día de la tribulación" . Pero el miedo y la ansiedad antes del combate no son reprensibles, en la medida en que la razón no deje de luchar en su contra, y la lucha en si misma no sea criminal ni pecaminosa. No sólo no es el miedo reprensible, sino, al contrario, inmensa y excelente oportunidad para merecer. ¿0 acaso imaginas tú que aquellos santos mártires que derramaron su sangre por la fe no tuvieron jamás miedo a los suplicios y a la muerte?"

Félix Núñez Uribe, Año Cristiano, septiembre(volumen 9, editado por Lamberto de Echeverría, Bernardino Llorca, José Luis Repetto Betes, BAC, 2005, 1024 páginas (biografía de las beatas Dolores (de Santa Eulalia) Puig Bonany y Josefa María Ruano García (Josefa de San Juan de Dios) en páginas 232-233:

"Es curioso comprobar cómo las fuerzas del Frente Popular actuaron en todas partes de forma igual. Primero, interrogatorios en el Ayuntamiento, luego, salida del convento, persecución de casa en casa, unos meses de arresto y cuatro tiros delante de la pared del cementerio. En todas partes era igual.

En medio, quemas de iglesias y de conventos, un empeño feroz de que los religiosos blasfemen y una oferta de que, si cambian de bando, les libran de la muerte. Y los mártires que iban cantando. Gritaban: «¡Viva Cristo Rey!». En todas partes igual. Se les podría beatificar a todos juntos, como a los innumerables mártires de Zaragoza, de Roma o de la Revolución Francesa, para dejar de canonizar a uno tras otro, con procesos y ceremonias complicadas. Todos pasaron por el mismo rasero.Todos murieron como Jesús, perdonando."

George Orwell, Homenaje a Cataluña (1938):

"Algunos periódicos antifascistas extranjeros se rebajaron a la mentira lamentable de pretender que las iglesias solamente fueron atacadas cuando se utilizaban como fortalezas fascistas. En realidad, las iglesias fueron saqueadas en todas partes, y como cosa natural, porque se entendía perfectamente que la Iglesia española formaba parte de la estafa capitalista. En seis meses en España, solo vi dos iglesias intactas.


[Relata su primera visita a la Sagrada Familia] A diferencia de la mayoría de las iglesias de Barcelona, no fue dañada durante la Revolución. La gente decía que se salvó gracias a su "valor artístico". Creo que los anarquistas demostraron tener mal gusto al no volarla cuando tuvieron la oportunidad. No obstante, colgaron una bandera de color rojo y negro entre sus agujas."

Gregorio Peces-Barba (entrevista con José María de Moya, 21 de enero de 2011):

"Los padres no se han preocupado nunca de la educación de los niños. En su momento la abandonaron a unos maestros ignorantes, después a religiosos. (...) Las sociedades actuales no son religiosas y la influencia de los padres es en el ámbito de la ética privada, pero no de la pública. El ámbito de la ética pública es el de la formación para la democracia. (...) La sociedad española merecería tener un poquito de anticlericalismo por todo lo que hemos soportado, que ha sido muchísimo. (...) Lo único que quieren es adoctrinar, adoctrinar y adoctrinar."

La laicidad, objetivo de la democracia en España, en El País, 10 de abril de 2011:

"Solo la Iglesia católica se mantiene en la línea de la tradición que arranca de las concepciones aristotélico-tomistas del mundo y de la vida. El sólido mecanismo ético de la salvación que necesita de los dos pilares inseparables de la gracia que se produce por el sacrificio de Cristo en la Cruz y de la libertad, que necesita de las obras humanas, sigue siendo el suyo, pero es un dualismo que quiebra a partir del tránsito a la modernidad.

Las éticas modernas serán las del protestantismo y las del humanismo laico. Las primeras son éticas solo de la gracia y la segunda solo de la libertad. Por un capricho de la historia, ambas, tan alejadas teóricamente, coincidirán en la práctica en la fase del trabajo mundanal y en el fondo secularizado. Los protestantes se salvan porque están predestinados y los humanistas laicos prescinden progresivamente de la divinidad. Así ambos se proyectarán en la sociedad y en la realización de proyectos seculares y buscarán para ello una ética secularizadora, en la que podrán coincidir, sin necesidad del apoyo ni de Dios ni de las Iglesias. (...)

Ese espíritu laico, es hoy el de Europa coexistiendo con una Iglesia católica que vuelve por sus fueros y por su prepotencia desde Juan Pablo II hasta el Papa actual. (...)

Cuanto más se les consiente y se les soporta, peor responden. Solo entienden del palo y de la separación de los campos. Un Estado libre y una Iglesia libre, cada uno en su ámbito y sin que puedan tener ningún ámbito exento, ni ningún privilegio. Pactar con ellos desde la buena fe es estar seguro de que se aprovecharán todo lo que puedan."

Ksawery PruszyńskiEn la España roja, Madrid, Alba Editores, 2007, 462 páginas:

“Las principales víctimas de la Revolución francesa fueron los aristócratas y cortesanos; las de la Revolución rusa, los terratenientes y las de la revolución española, los curas”.

Gonzalo Redondo (Historia de la Iglesia en España 1931-1939. Tomo II. La guerra civil (1936-1939), Rialp, p. 20 (1.1. La persecución religiosa. La revolución (VII/VIII-1936):

"Intentar una relación de los fieles que fueron muertos por su simple condición de cristianos es empresa poco menos que imposible, dado lo elevado de su número y el tremendo descontrol con que se realizaron estos actos vandálicos. [9 (ver nota completa)]"

Jean Renoir (Esta tierra es mía, 1943):

"La ocupación, cualquier ocupación en cualquier país, es posible solo porque estamos corrompidos. Soy el primero en acusarme. Por flaqueza y por comodidad no protesté de que se mutilara la verdad en nuestros libros de texto. Mi madre me conseguía alimentos y leche, y yo los aceptaba sin ver que se los estaba quitando a niños y a gente más pobre que nosotros.[...] Si la ocupación dura mucho, los que sepan aprovecharla serán los amos de la ciudad. No les reprocho que se aprovechen. Pero todos somos culpables por hacer posible la ocupación, y porque de esa manera caemos en las garras de los invasores del país. Los únicos dueños aquí son los soldados alemanes. Y por eso sé que deben condenarme a muerte. [...] Porque he dicho la verdad ante todos ustedes. Y la verdad no puede existir durante una ocupación. Es muy peligrosa. La ocupación solo se alimenta de grandes mentiras. Igual que todo ese horrible estado de cosas que llaman el nuevo orden."

Javier Tusell ("Caídos por Dios y por España", debate en La Aventura de la Historia, nº 17, marzo de 2000, p. 17): "Parece obvio que hubo cristianos que perdieron la vida sólo por su fe. Tampoco veo, sin embargo, la necesidad de un crecido número de beatificaciones. [Lo que me] parece un error por parte de la Conferencia Episcopal es no haber estado a la altura, para lo cual le hubiera bastado, al echar la mirada atrás y contemplar la totalidad de un siglo, repetir simplemente lo que la Asamblea Conjunta de Obispos y Sacerdotes de 1971 afirmaron: no supimos ser ministros de reconciliación durante la Guerra Civil... El catolicismo fue perseguido en uno de los bandos, pero el otro lo profanó haciendo una sobreinterpretación religiosa de la guerra."

Arte Historia, artículo La Iglesia y la Guerra Civil):

"En abril de 1939, ocultando la realidad de unas relaciones que tenían muchos puntos de fricción, se celebró un acto que puede considerarse como el punto de partida del nacional-catolicismo en la Iglesia madrileña de Santa Bárbara. En él Franco recibió la "espada de la victoria" de manos de Gomá, mientras pronunciaba unas palabras en las que describió a sus adversarios como los "enemigos de la verdad" religiosa. El acto resulta literalmente incomprensible sin tener en cuenta la experiencia histórica de la persecución previa.

Julián Marías ha escrito que al principio de la guerra civil cabía esperar que la Iglesia fuera perseguida o profanada; padeció ambas cosas, persecución y profanación, practicadas cada una por un bando. Es injustificable por completo la persecución e intolerable la actitud no sólo de quienes la practicaron, sino también de quienes la toleraron pasivamente. Tampoco es mínimamente aceptable esa sobreinterpretación religiosa de la guerra que practicó la mayor parte de la jerarquía, de la cual derivó el nacional-catolicismo. Merece la pena a este respecto recordar lo escrito porMadariaga: "Al estallar la guerra civil la Iglesia española debió haber abierto los brazos como Jesucristo a la izquierda y a la derecha; debió haber abierto el pecho y el corazón a ambos lados en ademán de paz y unión; debió haber luchado por la paz y la unión y por ellos muerto". Azaña se pronunció en parecidos términos: "Aunque la Iglesia se sintiera atacada y atacada con injusticia, su papel era muy otro. No debió alentar los enconos políticos ni azuzar a unos españoles (a unos prójimos) contra otros. La religión no se defiende tomando las armas ni excitando a los demás a que las empuñen". Son ciertas estas reflexiones, aunque el entonces presidente de la República achaque a la Iglesia una actitud que él mismo debió haber tenido, al menos, en el primer bienio republicano."

Miguel de Unamuno (Antonio Martín Puerta, Ortega y Unamuno en la España de Franco. p. 51-52, copia el manifiesto que el escritor leyó a los hermanos Jérôme y Jean Tharaud, que le visitaron “tras su destitución” y que se reproduce en el libro Cruelle Espagne ):

"Tan pronto como se produjo el movimiento salvador del general Franco, me uní a él, pensando que, ante todo, importaba salvar la civilización cristiana occidental, y con ella la independencia nacional (…). El salvajismo inaudito de las hordas marxistas sobrepasa toda descripción (…). Si el miserable gobierno de Madrid no ha podido ni querido resistir a la presión de la barbarie marxista, debemos mantener la esperanza de que el gobierno de Burgos tendrá el coraje de oponerse a los que querrían establecer otro régimen de terror (…). Insisto acerca del hecho de que el movimiento a la cabeza del cual se encuentra el general Franco está para salvar la civilización cristiana occidental y la independencia nacional, pues España no sabría ser sierva ni de Rusia ni de ninguna otra nación, cualquiera que ésta sea. (...) ¡Triste cosa sería si, a ese régimen bolchevique bárbaro, antisocial e inhumano, se le intentara sustituir por otro régimen también bárbaro, antisocial e inhumano de servidumbre total! Ni lo uno ni lo otro, pues en el fondo se trata de lo mismo".

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